Pareja
Infidelidad: ¿por qué caemos en la tentación?
 Existen pocos temas tan complejos como el de la infidelidad. ¿Qué es ser infiel? ¿Cuándo es perdonable el engaño y cuándo no? ¿Qué consecuencias tiene la mentira y qué debe ponerse en la balanza a la hora de comprender la razón de ese desliz que causa tanto dolor?
Ser víctimas de un engaño o sucumbir a la tentación de lo prohibido es algo que a todos puede pasarnos. Sin embargo, hombres y mujeres parecen tener distintos argumentos para justificar los motivos que pueden llevarlos a ser infieles.
¿Dónde comienza la infidelidad? ¿Se da sólo cuando hay contacto físico? Dicen los especialistas que, si se trata de las mujeres, es habitual que vivan atracciones fuertes, como un deslumbramiento, pero es posible que no se animen a llegar hasta el acto sexual. Ahora bien, en el caso de cruzar esa delgada línea, es probable que ellas se enamoren y avancen en esa nueva relación. En el otro extremo están los varones, capaces de iniciar una aventura sexual sin comprometer su corazón.
NUEVAS TENTACIONES
La escritora Angeles Mastretta plantea una realidad: "Nos hicieron creer en el amor eterno cuando las mujeres vivían sólo 40 años" y también abre un interrogante: ¿se puede sostener esa afirmación cuando ya estamos llegando lúcidas, activas y espléndidas a los 80?
Vivimos en la era digital, en la que el engaño virtual presenta una nueva forma de conflicto entre las parejas. Hombres y mujeres casados flirtean vía chat con amantes a los que tal vez nunca les vean las caras, sin medir el alcance de este juego que, en más de un caso, se escapa de las manos.
Por otro lado, las formas de amar y de establecer los vínculos han cambiado mucho estos últimos años. En estos tiempos, formar pareja no es una prioridad ; el trabajo y la realización personal van primero. En este contexto, las relaciones ocasionales y sin compromiso están a la orden del día. Poco importa si un hombre está comprometido o no. Es más, para algunas mujeres, el hecho de que él esté casado es una solución porque les garantiza diversión sin complicaciones.
A su vez, para los hombres jóvenes una mujer madura y casada también resulta atractiva porque no les exigirá ningún compromiso. En este caso, el hombre no necesita jugar el rol de proveedor o sostén económico. Y la diferencia de edad alimenta las fantasías de un sexo más libre y experimentado.
¿QUE LES PASA A ELLOS?
Sabemos que las generalizaciones no son buenas, pero parece que en cuestiones de infidelidad, los hombres les siguen llevando ventaja a las mujeres. Una encuesta realizada por el psiquiatra estadounidense Frank Pittman, todo un referente en terapia familiar, revela que el 50 por ciento de los hombres que está en pareja fue infiel , frente a un 40 por ciento de las mujeres.
¿Por qué los varones pueden hacer esta separación entre lo físico y lo sexual y no viven los engaños pasajeros como una traición? Básicamente porque arrastran el mandato de ser un cazador y proveedor. O sea que están acostumbrados a disociar entre lo que hacen y lo que sienten, y hasta es probable que estén convencidos de que no lastiman a nadie con una canita al aire. "Ella es una aventura, vos sos la madre de mis hijos" suelen decir como si una mujer pudiera entender semejante idea. Además está la cuestión cultural: muchos hombres creen que comportarse como un Casanova los legitima como macho, activo y viril. Otro factor influyente son las crisis de edad, certificar que el arco y la flecha todavía sirven para atrapar una presa los hace sentir jóvenes, vigentes.
Ahora, ¿qué pasa cuando son ellos los engañados? Su peor pesadilla es imaginar a su mujer teniendo sexo con otro hombre y aunque ellas no hayan llegado a esa situación, viven el engaño, por más platónico que haya sido, con la carga y la intensidad de una aventura pasional. El hombre promedio querrá saber: ¿dónde estuvieron? ¿Cuántas veces lo hicieron? ¿Qué te hizo?
¿QUE LES PASA A ELLAS?
A medida que van pasando los años y al conquistar más espacios y derechos, las mujeres se sienten más libres para ser infieles y para admitirlo. Ya no reprimen el derecho de elegir otro hombre si no están satisfechas con su relación de pareja. Lo que queda por comprobar es si esa sinceridad tiene que ver con su esencia o en realidad a modo de revancha, están tomando atributos masculinos. Entre las características que mantienen intactas las mujeres se destaca una mayor emotividad. Por eso se involucran con naturalidad y sin resquemores cuando están enamoradas. En general no oponen resistencia al sentimiento como la mayoría de los varones. "Una mujer engaña cuando encuentra un hombre que le presta más atención, que la escucha más que su pareja", dice la terapeuta familiar María Silvia Dameno. Por eso, las mujeres viven el engaño como una traición emocional y cuando se enteran de la mentira preguntan: ¿sentís algo por ella? ¿La querés más que a mí? El peor fantasma es que su pareja se haya enamorado de otra mujer y es probable que este temor tenga más peso que un desliz sexual, que pueden llegar a perdonar.
Nadie está exento de caer en un momento de arrebato, pero ¿cómo lo afrontamos? El primer impulso es callar para evitar lastimar al otro y para esquivar el conflicto. Si se descubre la infidelidad, se ponen en riesgo la familia, la imagen de la pareja ante el círculo social y hasta la estabilidad económica. Claro que eso implica subestimar a la persona engañada.
En otros casos, se mantiene el "vos sabés que yo sé" y el que es engañado es consciente de las correrías de su pareja. No es difícil indagar ante señales obvias: los cambios de hábitos, las llegadas tarde, los mensajes de texto sospechosos que no por casualidad quedan en el teléfono, son pruebas irrefutables. Pero el conflicto no estalla porque hablar de este tema requiere bucear en los problemas de la pareja y eso podría implicar la separación. Entonces el tema se evita, se oculta debajo de la alfombra y se paga el costo de vivir en una mentira que, sabemos, no dura para siempre.
Si el infiel se anima a hablar, lo aconsejable es que no lo haga en el medio de una discusión, o como venganza, como un as guardado en la manga. Más bien, tendrá que estar preparado para escuchar cuestionamientos y para enfrentarse a una pregunta: ¿vale la pena que la pareja siga adelante?
En muchos casos, los hijos son la excusa que ponen los matrimonios para seguir juntos a pesar de las infidelidades y suele ser cierto que sostener la familia es el motor para solucionar los problemas.
Y DESPUES… ¿QUE?
Tras el engaño, volver a reconstruir el vínculo que unió a una pareja es un proceso sumamente trabajoso. Frente a la infidelidad, y en el caso de que quiera perdonar, el que fue lastimado tiene que animarse a dar el salto al vacío y volver a confiar en que el otro no va a cometer nuevamente el mismo error. Y el que fue infiel tiene que saber que va a pasar un período bajo sospecha.
Tampoco está sentenciado que después de una infidelidad se termine el amor. Que una persona sea infiel no es sinónimo de que dejó de querer a su pareja. Nada que tenga que ver con los sentimientos es matemático.
El concepto que sí puede generar dudas es el que proclama que las infidelidades fortalecen a la pareja. Superar un hecho doloroso puede hacernos más fuertes, pero que el adulterio sea parte de la dinámica de la pareja no es un elemento enriquecedor. O por lo menos habría que preguntarse si los dos miembros de la pareja están de acuerdo en que sea así.
Si una pareja está atenta a las necesidades mutuas, a alimentar su intimidad, a potenciar sus mejores cualidades y a compartir las alegrías y las tristezas, es difícil que alguien ocupe un espacio que ya está lleno.
Martes, 10 de julio de 2012 |